Hace mucho tiempo creí que podrías cambiar tu vida por momentos arrebatados, aplicando el YOLO al máximo. Creía que las circunstancias de mi vida se veían cada vez más suertudas para encontrar y tener una relación sentimental de profundo significado; mi ego se infló un poco al creer en todo lo que la gente me decía y al mismo tiempo se desinflaba cuando me desilusionaba de lo que también decían.
Hago un recuento de cierto tiempo que pasé contigo, buscando todos los significados a esas actitudes o acciones que llamaron mi atención pero que dejé pasar. Analizo la delgada línea entre lo que se puede tolerar y lo que no, lo que es normal discutir, lo que es el amor.
Ya no me gusta pensarte. Encuentro buenos momentos que me llenan los ojos de lágrimas, que de verdad afligen mi alma y siento cómo todo dentro de mí se vuelve pequeño y doloroso, por eso escribirlo es parte de mi terapia. Me duele mucho conocerte de esta manera y no poder hacer nada para arreglar todo; cada día me corrobora que “cuando te toca aunque te quites” y eso también me impresiona. No sé quién ni cómo mueve las piezas de lugar, y a mi algo que me incomoda mucho es que me muevan mi orden, mi estabilidad, mi sueño… y que no lo vuelvan a poner en su lugar.
Más triste es descubrir la verdad de la mentira. La ilusión de haber encontrado al tan conocido “amor de mi vida” se canceló como si fuera una obra de teatro tan chafa que ya nadie quería verla. Me duele husmear y encontrar tu indiferencia regada por todas las redes sociales; tu narcisimo patán de soy bien chingón. Y ¿sabes por qué? Porque tu no eres nada de lo que dices, ni de lo que has dicho. No eres transparente ni siquiera contigo mismo.
Ahora sí que este madrazo me sirve para llorarlo, y espero que con el tiempo todo sane y mi alma sea mejor para quien sea que entre en mi vida. Aunque no puedo concebir aún que pueda amar a alguien más.
Olivia Meza